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Compliance Penal (1). La persona jurídica. Ficción y realidad

Compliance Penal (1). La persona jurídica. Ficción y realidad

Compliance penal. Esta aposición lingüística, joven, anglo-española y desconocida, designa hoy la materia derivada de la responsabilidad penal de la persona jurídica, fenómeno reciente y extraño a nuestra cultura que será objeto de una serie de artículos en este blog.

Pero antes cabe preguntarse por lo más esencial: el sujeto de esta materia. ¿Qué es una persona jurídica?

El Código civil español distingue a la hora de definirla entre:

  • Corporaciones, asociaciones y fundaciones de interés público reconocidas por la ley.
  • Asociaciones de interés particular, sean civiles, mercantiles o industriales, a las que la ley concede personalidad propia, independiente de la de cada uno de los asociados.

Añade el texto además que «las personas jurídicas pueden adquirir y poseer bienes de todas clases, así como contraer obligaciones y ejercitar acciones civiles o criminales, conforme a las reglas y leyes de su constitución».

Por tanto, una persona jurídica es una entidad cuyo fin o interés común, público o privado, trasciende el de las personas físicas que la componen, siendo sujeto de derechos y obligaciones como en general lo son las personas físicas. Es, en definitiva, una organización a la que el ordenamiento dota de individualidad propia.

Esto es lo que dice la ley; y de ello deducimos que una empresa, un ayuntamiento o una fundación son personas jurídicas, pero ¿por qué existen y qué función vienen a cumplir en el orden social?

La principal razón de ser de una persona jurídica es superar las limitaciones inherentes al ser humano. Imaginemos a una o varias personas con un objetivo común, que puede consistir en poner en marcha un negocio, gestionar los recursos de una población o promover la investigación científica. Es más que probable que las personas que toman alguna de estas iniciativas encuentren obstáculos para su realización. A menudo, para crear una empresa es necesario aunar el capital de varias personas, concentrándolo en un único patrimonio superior al que podrían constituir cada uno de ellos; la gestión de un ayuntamiento se entiende que se prolonga en el tiempo más allá de la vida de las personas que pasan por él, de la misma manera que las fundaciones suelen ser concebidas por tiempo indefinido. En resumen, superar las limitaciones propias de un individuo es el fin fundamental de una persona jurídica.

Pensar en una entidad jurídica supone un ejercicio mental de abstracción. Cuando nos referimos a una empresa desligamos de manera inconsciente los individuos que la conforman de la propia empresa, dotando a ésta de ciertas cualidades. «Qué buena es esta marca»; «Se trata una institución honorable»; «Nunca trabajaría para esa compañía». Podemos emplear cualquiera de estas frases sin conocer a ninguna persona vinculada a estas entidades; sencillamente, participamos de una ficción en la que atribuimos ciertos rasgos a entidades no corpóreas. Cualquier organización es con el paso del tiempo conocida por una determinada forma de hacer, llegando a ser portadora de una imagen o de unos valores. No es casual que las personas jurídicas también sean conocidas como personas morales.

Ahora que tenemos una idea de lo que es una persona jurídica, subamos un peldaño y preguntémonos si una persona jurídica puede cometer un delito. ¿Es posible? Lo que hasta hace poco era en un fenómeno del todo ajeno a nuestro ordenamiento jurídico ahora es una realidad: sí, una persona jurídica puede cometer un delito, lo que la convierte en sujeto imputable en un procedimiento penal. Este es el punto de partida del Compliance penal. En próximas entradas estudiaremos en qué condiciones una persona jurídica puede ser imputada y, sobre todo, cómo evitarlo.

 

Fernando López Ramos

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