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Artículo 1º. Mi prejuicio original

Artículo 1º. Mi prejuicio original

Hace muchos años tuve mi primer empleo, aún era un adolescente y empecé a desempeñar mis torpezas como freganchín (y luego pinche; de ahí mi gran amor por la cocina) en una hamburguesería de Málaga y poco tiempo después en el restaurante del mismo dueño.

Doy las gracias a mi primer jefe. El primer estipendio que recibí fue, creo recordar, de 80.000 pesetas y lo que sí recuerdo muy bien es qué hice con ese dinero. Comprar un bocadillo del mejor jamón de la tienda, con el resto un equipo de música. Así nunca se me olvidaría, eso pensé.

Después de ese trabajo pasé fugazmente por la construcción como peón, repartí pizzas para una gran cadena y tras algunos empleos intermitentes y sin contrato acabé descargando camiones durante algunos años en una distribuidora internacional de ropa. Guardo muy buenos recuerdos y muy buenos amigos, aunque ahora nos veamos poco. ¡A ver si me invitáis a las cenas de empresa al menos!

En aquel tiempo era estudiante de Bachillerato de Ciencias y jamás había pensado en convertirme en abogado. De hecho, elegí la carrera de Derecho el último día en que podía formalizar la solicitud y sin vocación alguna. Y sin saber por qué. No soy hijo de abogado (mi papá es panadero) ni conocía a ningún abogado. Y la verdad es que no tenía muy buena opinión de ellos. Como todos, yo también tengo prejuicios.

Después, muy confuso por la vida y muy enamorado, marché a la Toscana, al Chianti fiorentino durante una etapa maravillosa en muchos aspectos en la que vivía de cultivar el huerto y dar clases de español leyendo Manolito Gafotas.

No fue hasta una serie de infortunios y casualidades que probé la profesión de abogado y, desde entonces, he encontrado una vocación y una pasión infinita. Ahora me gusta el Derecho, pero más me gusta poder entender la naturaleza de los conflictos humanos e intentar ayudar a solucionarlos.

El día en que decidí abrir mi propio despacho tenía varias metas; convertirme en un buen abogado (sigo en el camino), acompañarme de un equipo mejor que yo, tanto a nivel personal como profesional (lo tengo) y ayudar a que las personas que tengan prejuicios, como yo los tuve, contra los abogados o contra esta profesión, puedan descubrir que existen miles de abogados que son personas estupendas y amables, empáticas y confiables en este país. Al menos yo conozco a muchos de ellos.

 

Antonio Pachón

Letrado Director de Lex Veritas Abogados

 

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